III – PACIENCIA

Qué ironía que llamemos pacientes a las personas que padecen, cuando somos las que primero perdemos los nervios.

Hay palabras que tenemos tan asociadas que no sabemos ni cómo definirlas, hasta tal punto que llegamos a confundirlas. En este caso, si hablamos de paciencia, podría decirte que es como mi segundo nombre aquí dentro. Estoy tan harta de oírlo…  ¡ten paciencia para todo!

A ver si me explico, hoy mismo, cuando hemos bajado al desayuno, por si hacía poco frío fuera, ¡la leche estaba congelada! Y no, no ha sido un fallo de cocina. Simplemente, una de mis compañeras ha decidido que con 2º en la calle, no le apetecía salir del edredón. Total, que hemos acabado todos intentando convencerla de que valía la pena levantarse. Así que después de media hora dando todo tipo de argumentos, por fin hemos podido bajar a desayunar.

Todos, en algún momento de nuestra vida hemos agradecido que alguien nos supiera esperar. Que aguantaran nuestros enfados, nuestras discusiones y pataletas, nuestros llantos y nuestra euforia. Qué mejor manera de agradecer todo esto, que aprendiendo a tener paciencia, para saber ponernos en el lugar de las personas que nos rodean. Al fin y al cabo, ¡hoy puede pegarse ella a las sábanas, pero mañana podría ser yo!

Supongo que ya te harás una idea de que además de un alta en un tratamiento, también salimos de aquí con un máster en paciencia. Porque hace un tiempo, era justo lo que no tenía. Más que no tenerlo, es que ni siquiera lo practicaba, porque ¡era todo un terremoto! Que si caprichos, broncas, exigencias… y así una larga lista de etcéteras.

Recuerdo una noche que de un portazo cerré la puerta. Me quedé en silencio temblando, intentando contar hasta diez. Qué ingenua, no pasé del dos. En aquel momento hubiera tirado la puerta de mi casa, y le hubiera gritado al mundo que no estaba de acuerdo con nada, que necesitaba salir y estar sola. En lugar de tirarlo todo por los aires, y seguir la discusión, mi madre entró en la habitación, y dándome un beso en la frente me recordó que no estaba sola. Ella siempre estaba a mi lado.

Tal y como te he dicho antes, un día puede tocarte a ti, y otro a mí.

 

Llença’t – Lax’ n’ Busto

Un comentario sobre “III – PACIENCIA

  1. Es verdad. Nos puede tocar a todos. Porque somos humanos y no somos perfectos y hay días que estamparíamos el mundo o que no nos levantaríamos de la cama…Y en esos días es de agradecer que alguien se ponga en nuestro lugar y nos sepa esperar

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