VUELTA A LA RUTINA

 

Una rutina es un hábito que hemos adquirido como nuestro y que desempeñamos día a día para enseñarnos un orden y así poder organizar nuestra vida.

Nosotras veníamos de un absoluto descontrol y una vida caótica que creíamos controlar. Creíamos ser libres pero realmente éramos esclavas de nuestras propias normas. ¿Y POR QUÉ OS EXPLICAMOS ESTO? Pues por qué ha llegado septiembre; mes en el que nuestras vidas se dan de bruces con la realidad. ¿Y a que nos referimos con esto? Pues a que debemos reiniciar nuestra partida, porque en la vida, nunca dejamos de jugar.

Saludando a septiembre, damos la bienvenida a nuestros mayores temores, aquello que dejamos atrás pero que regresa para recordarnos que debemos seguir luchando porque siguen ahí esperándonos para continuar la batalla.

¿Dónde has estado? ¿Qué son esas marcas? ¿No has adelgazado? ¡Cómo has cambiado! Y a mí se me queda la típica cara de¿¿¿ EINGGGG??? ¿Qué debo pensar? ¿Es bueno lo que me están diciendo? ¿Lo dicen para ayudarme o para perjudicarme? Esto es lo que ocurre cuando volvemos a la vida y tenemos que crear una nueva rutina. Nos sentimos expuestas de nuevo y tememos volver a sentirnos como el “bicho raro” que siempre esta triste, que nunca sale de casa, que casi no va a clase, la rarita, la pasota, la que se pone la coraza y hace como si no pasase nada. Al volver, tenemos la necesidad de mostrar quienes no somos en realidad por ese temor a ser rechazadas, juzgadas, objeto de burla, menospreciadas…. Al fin y al cabo es no ser nosotras mismas y el miedo de no llegar a alcanzar el hecho de sentirnos normales.

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A todos estos miedos, se suman la propia exigencia y la de nuestros padres. Una exigencia a nivel de apariencia; es decir, “Haz lo que quieras hija mía, pero se la mejor en lo que hagas”. Durante el verano, todo es relax no hay estrés, “hija céntrate en recuperarte y en tu tratamiento” pero oye… llega septiembre y viva la vida con los estudios. Los padres empezáis a meternos caña y a darle más prioridad al tema académico olvidando que continuamos enfermas y eso nos frustra porque sentimos que no llegamos a todo.

¿Y cómo gestionamos TODO esto? Tenemos varias opciones: podemos petar; hablando mal y pronto, y acabar pagándolo con lo que ya conocemos, es decir, con lo de siempre, autolesiones, alimentación, consumo, agresividad, aislamiento… Porque es nuestro refugio y nuestra manera de escapar del fracaso porque al menos sentimos que cuando hacemos síntoma nadie nos presiona ¡Eureka! Ya tenemos la justificación perfecta para todo. Pero no, esto es la vía fácil y nuestra zona de confort y realmente, nos metemos en una espiral de insatisfacción con nosotras mismas y que provoca el “game over” de la partida.

Sabemos que la forma en la que hemos gestionado nuestro malestar no ha sido la correcta, pero con ayuda podemos ver otras opciones en las que nuestra salud no se ve afectada. No solo somos nosotros los que trabajamos, nuestro familiares, en concreto nuestros padres, también aprenden a entendernos, a como podernos ayudar.                     

 La mejor opción, al fin y al cabo, es expresar como nos  sentimos   

Aunque me cueste la vida.– Pastora Soler

https://www.youtube.com/watch?v=KXa01sLmVYM

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