CARTA A LA ENFERMEDAD

Querida enfermedad, llevamos mucho tiempo juntas… nos conocimos por casualidad, en una época en la que solo tenía que preocuparme por el cole y no por el peso. Engañaste mi inocencia y me cambiaste el mundo y la manera que tenía de verlo. Hiciste que uno de los mejores días de mi vida, el de mi comunión, se haya terminado convirtiendo en miradas de asco cada vez que veo ese álbum. Aún así, contigo me siento como en casa, siento que tú eres la única que me entiende cuando estoy mal.

Antes de ti, era insegura y me avergonzaba de mi cuerpo… cuando tú llegaste me sentí más fuerte que el hambre.

Me ayudaste a ser exigente y a tomar el control de mi vida. Gracias a ti me vi guapa, por primera vez me vi delgada y me sentí como una más, aunque esto fue pasajero… no me advertiste de los mareos, de la caída del pelo, del rostro blanco y sin vida… no me advertiste que me alejarías de mis amigas porque me obligabas a no parar de hacer deporte o a no tenga ganas de levantarme de la cama.

Me enseñaste que el fin justifica los medios y, sin querer queriendo, introdujiste los cortes en mi vida, que poco a poco se transformaron en mi manera de expresarme. Encontré a otro aliado con quien apoyarme cuando caía en la tentación de comer

Me abrieron una puerta de la que podían salir mis miedos. Los utilicé a modo de castigo… castigarme por decepcionar a mis padres, por no ser la hija que mis padres esperaban, por no parar los pensamientos en mi cabeza y, consecuentemente hacer daño a mi vida y acabar convirtiéndome en alguien que odio y, terminar odiando también a los demás.

De repente perdí el control y empecé a comer todo lo que quería, con sólo una condición… vomitar. Hasta que se convirtió en algo rutinario y necesario. No podía o no quería controlar las ganas de comer, así que era el método perfecto hasta que me ingresaron por primera vez. Ahí sólo me subieron de peso y los engañamos para que nos dieran el alta y poder salir, y poder seguir en nuestro mundo, solas tu y yo…

Con peso de más volvió la inseguridad y el asco hacia mí misma, así que me agarré a otra adicción, los porros. Primero solo esperaba encontrar la risa que hacía tanto tiempo había perdido, pero poco a poco se convirtió en una vía de escape diario y además, como eres muy lista, utilizamos los porros porque me querías poner a prueba, a ver si aguantaba el hambre. Algunas veces lo conseguía, pero otras no.

Me llevaste al punto de querer quitarme la vida, dejar de existir para siempre porque creía que esa era la solución, pero sobreviví y te decepcioné. Así que seguimos con nuestra rutina, me obligaste a esconder comida, a engañar a todo el mundo, a correr con chanclas, a contar calorías y me consumiste.


desamor

Te juntaste con él, con una relación muy tóxica y me hiciste creer que sólo él me entendía como tú, él me hizo mucho daño, me rompió el corazón y rompió aún más la relación con mis padres, pero solo buscaba el cariño de alguien, me daba igual quién, sólo necesitaba a alguien.

Me obligaste a superarlo con nuestros trucos, recuerdo tomar tantos laxantes que me hacías despertarme a las 3 de la mañana para ir al baño. Nos intentaron separar de todas las maneras posibles; psicólogos, Hospital de Día, Hospitalización y… nada pudo con nosotras. Todo este bucle hasta los 17, hasta que mis padres encontraron ITA. Y aquí estoy, escribiéndote una carta, conociendo mi pasado, pero mi futuro es un interrogante gigante.

Quiero que sepas que has estado controlando y destruyendo mi vida, que has hecho conmigo lo que has querido. Pero ahora tengo otra idea más en mente, la recuperación. Es una idea que me aterra, porque me supone vivir sin ti y la verdad es que no me imagino una vida sin ti. Pero precisamente, eres tú quien me la quita. Y ahora sé que debo luchar para poder disfrutar, para poder dejar de tener cicatrices en todo mi cuerpo, poder comer sin contar las calorías y poder disfrutar de las comidas en familia.

Aún no sé cómo voy a dejarte, pero sé que quiero hacerlo, quiero respirar y vivir y sé que contigo al lado y con todo lo que me apartas sé que no podré.

Se me viene un mundo encima, un mundo que sin ti está lleno de inseguridades y complejos, pero debo de aprender a vivir y a salir de esto. Porque yo… ¡yo podré!

Un comentario sobre “CARTA A LA ENFERMEDAD

  1. Claro que podrás. Eres enormemente valiente… Tu historia me parece admirable, una historia de superación y de coraje, porque después de todo lo que has pasado ahí estás dispuesta a darlo todo para vivir con mayúsculas y no solo sobrevivir. Tu seguridad no te la va a dar la enfermedad por mucho que te engañe. Yo creo que en fondo tu ya eso lo sabes. Te deseo de corazón que le pongas una zancadilla a la enfermedad. Llévate solo lo mejor, esa perseverancia, esa fuerza de voluntad, ese seguir caiga quien caiga utilízalos para salir. ánimo

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